Testimonios de los torturados por los policías y guardias civiles torturadores indultados por el Gobierno de España. (Indultos publicados en el Boletin Oficial del Estado del 1 y 2 de enero de 2001).
Información publicada en GARA el 12 de enero de 2001.
Torturados por los ahora indultados muestran su impotencia
Aitziber LASKIBAR | BILBO
Torturaren Aurkako Taldea denunció ayer, junto a cuatro torturados, la impunidad con la que actúan los torturadores en el Estado español, tras conocer el indulto de 14 agentes condenados por malos tratos.
Enrike Erregerena, José Ramón Quintana, Mikel Ruiz Maldonado y Ana Ereño, cuatro víctimas de la tortura cuyos torturadores han sido ahora indultados, mostraron su impotencia ante dichos indultos.
Mikel Ruiz denunció, en nombre de los cuatro, «la impunidad con la que actúan los torturadores al obtener la cobertura del Estado». Añadió que el Gobierno está implicado en el caso de los malos tratos al «premiar a los torturadores» y afirmó que es la «ley antiterrorista» la que permite su práctica.
Reconoció a GARA sentirse «como el bufón de la feria, con rabia e impotencia» al conocer la noticia. Añadió que «el Estado no quiere suprimir la ''ley antiterrorista'' porque las inculpaciones que consigue las obtiene bajo tortura y esos policías son eficaces para el Estado».
Ruíz lleva ya 20 años de tribunal en tribunal para que la denuncia siga su curso pese a las llamadas amenazantes y seguimientos que ha sufrido por ello. «Reconocí a todos mis torturadores, quedaron probados los hechos y sólo condenaron al instructor y al secretario a dos meses de cárcel, por lo que no pisaron la prisión. Ahora, como colofón, los han indultado para que se limpien sus hojas de servicio».
Testimonios
Mikel RUIZ
Detenido el 25-XI-1981
Tras ser detenido lo llevaron al monte. «Me pusieron una cuerda al cuello y me colgaron de un árbol. No sé si fue la cuerda o la rama la que se rompió, pero caí al suelo perdiendo el conocimiento. Al despertar estaba atado al tronco del árbol y empezaron las sesiones de corrientes. Posteriormente, me pusieron las esposas, me hicieron caminar hasta un acantilado y simularon dispararme una pistola en la sien». Así comenzaron las torturas que sufrió Ruiz hace veinte años, que se prolongaron mientras duró su detención de diez días. Sufrió palizas, electrodos y simulacros de ejecuciones. Llegó a intentar suicidarse rompiendo una baldosa con los dientes y cortarse la muñeca. Aún sufre pesadillas y le es imposible dormir más de tres horas seguidas.
Enrike ERREGERENA
Detenido el 28-IX-1982
Las torturas físicas y sicológicas duraron los nueve días de detención. Recibió golpes en el estómago, en la cara, en la cabeza donde tenía puesto un casco y en todo el cuerpo. Lo sentaron, en varias ocasiones en una mesa pequeña, con los pantalones bajados y teniendo los pies colgando, mientras le empujaban el cuerpo para atrás, golpeándole repetidas veces en los testículos mientras tenía las manos esposadas atrás. Se cayó varias veces y lo levantaron tirando de los pelos, mientras echaba espuma por la boca. Le aplicaron electrodos en los testículos, en el pene y hasta en la cabeza. Lo amenazaron con introducir a su novia un palo en la vagina. Tras 10 días en el siquiátrico de Carabanchel y 3 en la prisión, lo dejaron en libertad.
Ana EREÑO
Detenida el 28-IV-1982
Los nueve días que estuvo detenida recibió golpes en todo el cuerpo y, sobre todo, en la cara y cabeza, muchos de ellos, golpes de kárate. Los médicos le diagnosticaron, diez días después, hemorragia en ambos globos oculares, hematoma de tres centímetros en ambos pómulos, hematomas en el cuello y hombro de seis centímetros y de cinco en el muslo.
José Ramón QUINTANA
Lo detuvieron junto a un amigo. «A mí me torturaron de la manera más tradicional de sacudirme a la badana y al cabo de un día nos hicieron un careo donde querían que nos pegáramos entre nosotros. A mí me dieron una porra y me negué a pegarle, por lo que me golpearon a mí. Luego le dieron a él la porra, también se negó y también le pegaron. A él le pusieron los electrodos continuamente. A mí, me pegaban».
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